Travesía al “Valle de las Lágrimas”

En este 2012 se conmemora el 40° aniversario de la reconocida “Tragedia de Los Andes”, un caso que impactó al mundo entero. De 45 uruguayos que volando a jugar un partido de rugby en Chile cayeron en plena cordillera, solo 16 lograron sobrevivir, haciendo hasta lo impensado por mantenerse en pie. Hace cuatro años llegué hasta el lugar del accidente, en el límite Mendoza-Chile. Intenté comprender mínimamente la lucha de aquellos héroes.

Sin lugar a dudas, la afamada “Tragedia de Los Andes” tuvo y tendrá un impacto a nivel mundial pocas veces visto.
Signados por el estoicismo y el coraje, aquellos rugbiers del Old Christian’s Club de Montevideo pasaron a formar parte de las páginas doradas de la historia, luego de sobrevivir en condiciones infrahumanas por 72 días, hasta que lograr ser rescatados. Esos jóvenes, alcanzaron sus objetivos atravesando barreras impensadas, con el afán de continuar con vida “habitando” un sitio verdaderamente inhóspito, ubicado en plena Cordillera de Los Andes.
Impulsado por el ejemplo brindado por esos Charrúas y por ese acto manifiesto de superación constante, en el 2008 me deje llevar por los sentimientos y decidí cumplir un gran anhelo, que era llegar al contemplativo lugar donde se estrellara el Fairchild Hiller FH-227 de la fuerza aérea uruguaya.

LA TRAVESÍA

Desde la localidad de El Sosneado, perteneciente al Departamento San Rafael, cercana a la ciudad de Las Leñas, en Mendoza, partí en una expedición rumbo al lugar. Tras recorrer en vehículo alrededor de 60 kilómetros por camino de tierra, divisando imponentes montañas, lagos de agua calma y ríos de agua correntosa, llegue hasta la “Laguna blanca” y los baños de azufre, donde se ubica un abandonado hotel de mediados del siglo pasado.
Quizás con poca experiencia en la materia pero no con menos ganas, al día siguiente monté un caballo y junto con dos compañeros más que hicieron lo propio, confiamos en los equinos que nos llevarían hasta el sitio del accidente.
Guiados por un humilde baqueano, conocedor de la zona de vasta manera, viví un recorrido increíble. Fue cabalgata que demandó entre ida y vuelta, tres días y dos noches. A la mitad, logré el objetivo de llegar al “Valle de las Lágrimas”. Disfrutando de paisajes mágicos, fueron aproximadamente 30 kilómetros los que transité en la inmensidad de la montaña, con un buen abastecimiento de comida y ropa, además protector solar.
En la primer jornada llegué hasta un improvisado refugio, donde instalamos nuestras carpas, hicimos fuego, cenamos a la luz de la luna radiante y dormimos. Mientras que, al día siguiente, continuamos viaje y llegamos hasta ese simbólico lugar que pretendíamos.
Como supo decir Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes: “en ese lugar el silencio aturde”. Yo comprobé que así era.
En el Valle de Las Lágrimas, donde existe un glaciar con el mismo nombre, todavía hay partes del avión Charrúa, así como un cementerio que recuerda a los 29 caídos en la tragedia y muestras de fe que quienes han llegado al lugar, fueron dejando.
En el lugar, la vida superó a la muerte. Hay una energía especial. La convicción, el trabajo en equipo y el sacrificio, fueron clave para que esos valientes salieran con aire y hoy, 16 hombres puedan contar la historia que vivieron.

Domingo 29 de abril de 2012
Relato realizado para suplemento de Turismo de EL DIARIO de Paraná, Entre Ríos.
República Argentina

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